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samedi 16 juillet 2016

Figura paterna

Escena final de la película "Father figure 2".



Anthony Holloway, Paul Johnson, Park Wiley y Parker Williams




Parker y Paul están tratando de dormir un poco, cuando son sorprendidos por sus hijos, Anthony y Park, quienes los despiertán al chuparles sus pollas y culos. En ese momento, Anthony y Park se dan cuente que están chupando las pollas de sus propios papás.

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Todo a su tiempo (All in time)

Por Roalndo Mérida

Papá siempre estará ahí para ayudarnos.





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lundi 6 juin 2016

Una familia modelo (A model family)

Por Rolando Mérida


¿Y si...?





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Juego serio 2 (Serious game 2)

Por Rolando Mérida







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lundi 23 mai 2016

Del tal padre, tal hijo. (Relato) - Cuarta Parte

AMANTES.
   Con algo de brusquedad recostó al chico, tan largo como era, en el sofá; se desprendió de sus últimas prendas y se hincó frente de él, entre sus piernas. Complacido, escuchó el suspiro de Alex y disfrutó la mirada de obscena fascinación que le bullía de los ojos. Sin dejar de sonreír tomo las piernas de su hijo y las levantó dejando al descubierto su oscuro y apretado agujero de placer. El miedo de Álex fue notorio: el chico también intuía que el pene de su padre podría lastimarlo. Héctor le obsequió con una confiada sonrisa, para después inclinarse y hundir su rostro entre las nalgas de su hijo. Aquel rosado ano le pareció perfecto, tan apretado y tibio, que se relamió los labios de sólo pensar en lo mucho que lo disfrutaría. Con ansiosa excitación estiró su lengua y rozó tímidamente los bordes del ano de Alex. El chico se estremeció al sentir el sutil contacto y Héctor emitió un pequeño gruñido de asentimiento para después reiniciar su ataque, esta vez con mayor fuerza. Álex estaba a punto de gritar. Sabía lo que su padre estaba haciendo, pero nunca soñó, ni en sus mas locas fantasías que semejante caricia fuera tan placentera. Su zona perineal resultó muy sensible. Podía sentir con claridad la húmeda lengua de su padre, reptando como serpiente, entre sus mas íntimos rincones, produciéndole un escalofrío que le llenó de placer cada poro del cuerpo. Sus gemidos se hacían cada vez mas fuertes y no lograba mantenerse quieto. Su cuerpo se convulsionaba presa del placer. De pronto la sensación cambió. La lengua de Héctor comenzó a abrirse paso a través de la estrechez de su ano, penetrándolo suavemente. Una nueva exclamación nació de la garganta de Álex. La lengua de su padre estaba dentro de él, rozando su mas recóndita intimidad. Cada caricia iba dirigida a aumentar su placer, a prepararlo para lo que vendría… Cuando Álex se dio cuenta de esto último, no pudo evitar comparar: si la lengua de Héctor era tan placentera, ¿Qué tanto más placentero seria tener aquel glorioso miembro viril dentro? Apenas podía esperar para sentirlo...
   Héctor estaba disfrutando como nunca el estar atrapado entre las suaves nalgas de Álex. El provocar aquellos gemidos de placer le proporcionaba mucha alegría, y al cabo de unos minutos su excitación aumentó más al sentir como el canal trasero de su hijo se relajaba y empezaba a distenderse. Era hora de dar el siguiente paso: sin separar su lengua de la cavidad anal de Álex, extendió su mano y con firmeza tomo el pulsante y erecto miembro que el chico poseía. Tras masajearlo un poco, dirigió su lengua a un punto distinto. Con deliberada lentitud repto por el perineo para después dedicar sus caricias linguales a sus testículos, que colgaban lánguidos, como invitándolo a jugar. Álex se retorció gustoso y separó aún más las piernas, dejándole el camino aun más libre a su padre. Héctor ya se lo esperaba y aprovechando la disposición de su hijo, usó su otra mano y extendiendo sus dedos comenzó a penetrarlo, lenta y suavemente.
   Las sorpresas no se detenían y ante cada caricia Álex enloquecía más y más a causa del placer. Ya no sólo era la fuerte mano de su padre masturbándolo y su serpenteante lengua acariciando sus testículos, ahora eran también sus dedos entrando y saliendo de su intimidad. Al principio la sensación le resultó extraña y hasta un tanto incómoda, pero la magia de su padre ya estaba operando, y para cuando introdujo el segundo y tercer dedo, su cuerpo ya estaba en éxtasis nuevamente. La multitud de caricias lo tenía frenético. De alguna forma su padre había encontrado todos sus puntos sensibles, y los estimulaba al mismo tiempo convirtiendo cada caricia en una descarga de placer que invadía su piel, cortándole la respiración; la satisfacción era casi insoportable. Un grito escapó de sus labios, su cuerpo se contorsionó y se llevó las manos a la cabeza intentando aliviar la sensación de que estallaría de placer en cualquier momento. Sin embargo el estallido ocurrió en otra parte: sin darse cuenta empezó a eyacular incontrolablemente, disparando su pene varias descargas de semen con tal fiereza, que le llegaron hasta el rostro. Un inenarrable placer recorrió su ser sólo para abandonarlo después de unos momentos, dejandole un agradable agotamiento en su cuerpo.
   Héctor se separó de la deliciosa entrepierna de su hijo y mientras alzaba la mirada se quedó sin palabras: lo que vio le parecía indescriptiblemente bello. Aquel joven adonis que era su hijo yacía desnudo, sudoroso, ardiente. Su pecho subía y bajaba en visible agitación. Sus firmes brazos sujetaban su castaño cabello, dejando al descubierto sus axilas cubiertas de crespo y oscuro vello; los pezones erectos, el suave vello del pecho húmedo, adherido a la piel y delineando los músculos, el pene semi erecto y aún escurriendo esperma y el rostro invadido de sudor, semen y con un gesto de infinito placer. No había palabras para describir semejante belleza. Una vez más se llenó de aquella indescriptible e innombrable sensación que aún no lograba explicarla, pero hacia de cada segundo que pasaba con Álex la experiencia más placentera que jamás hubiera tenido.
   - Todos los jóvenes son iguales – exclamo Héctor saliendo de su estupor – Desperdiciando su dulce néctar en vez de guardarlo para sus amantes – Alex abrió los ojos y correspondió la sonrisa de su padre. Su dramatismo era encantador. – Estás hecho un asco – continuó Héctor – Tendré que limpiarte.
   En un ágil movimiento Héctor se inclinó y comenzó a lamer el glande de su hijo, quien gimió satisfecho.
   -¡Pero por favor, padre! – agregó Alex entre risas y gemidos e intentando igualar el tono dramático de Héctor - Tengo tanto para dar… Además mi néctar no se compara con el tuyo; es como un buen vino añejado con la edad. En comparación el mio es dulzón en insípido – agregó el chico relamiéndose los labios.
   - He oído eso antes – replicó el padre mientras acicalaba a Álex con la lengua – sin embargo creo que el tuyo es mejor. Si, es un néctar joven, pero de buena cosecha… Además – agregó mientras limpiaba algunas gotas de semen acumuladas en el pezón de su hijo – el sabor me parece familiar.
   - ¡Pero claro! Es de familia.
  Nuevamente unieron sus labios y sus cuerpos. Sus pieles se ungieron en sus jugos de placer, haciendo cada caricia mas intensa y placentera. Álex acercó sus labios al oído de su padre y tras morder juguetonamente su lóbulo, le susurro ansioso:
   - Héctor… Papá… Quiero tenerte dentro de mi. Quiero que me penetres. Quiero que me llenes con ese mismo miembro con el que me concebiste. Deseo llevar tu semilla dentro de mi. Bendíceme con ella, aliméntame con ella. Hazme un hombre. Hazme tu hombre .
   Mientras hablaba, Álex colocó sus piernas alrededor de la cintura de su padre, para después extender su mano y tomar el miembro incandescente de Héctor y apuntarlo hacia sus entrañas. Héctor se sorprendió al escuchar en labios de su hijo el deseo que lo corroía por dentro. No necesitaba mas: era ahora o nunca. Tras afirmar las rodillas en el sillón, empujó su cadera y enseguida sintió como la cabeza de su pene impactaba contra el aún virgen ano de Álex. El chico suspiró con placer al notar el contacto y asintió sutilmente incitando a su padre a continuar. Dándose por enterado, Héctor comenzó a empujar con más fuerza, logrando introducir el glande de un golpe. Álex gritó. Su rostro, antes tranquilo, ahora mostraba un gesto de dolor
   - Tranquilo hijo, es parte del proceso - susurro Héctor mientras besaba amorosamente el rostro de su hijo – Relájate, pronto pasara - Álex asintió nuevamente y Héctor reanudo su labor tal lenta y suavemente como le fue posible. 
  Una dulce tortura lleno el cuerpo de Héctor. El deseo de penetrar a su hijo era irascible e incontrolable. Si por él fuera habría entrado en el violentamente, de golpe y se hubiera saciado en sus entrañas hasta venirse. Sin embargo, también deseaba con locura que Álex disfrutara cada minuto, cada segundo y debía obsequiarle con el placer más grande que hubiera sentido; aunque eso significara que su miembro reventara de deseo.
   Al principio también resulto doloroso para Álex. Cuando la cabeza del pene de su padre estuvo dentro de él sintió un dolor terrible, casi como si se fuera a partir por la mitad. Todas las caricias y preparación que Héctor había practicado antes resultaron insuficientes. La verga de su padre era enorme y él era virgen. Sin embargo Álex no quería que se detuviera por nada del mundo. Ansiaba sentir aquel ardiente miembro completamente dentro de él y ahora sólo debía acostumbrarse. Estoicamente aguantó la acometida aferrándose alternativamente al sillón y a la espalda de Héctor y por fin, tras lo que le pareció una eternidad, sintió como los testículos de su padre se posaban sobre sus nalgas. Como resultado, ya estaba sintiendo cada centímetro de la virilidad de su padre bien adentro su ser.
   Por un momento se quedaron inmóviles, silenciosos y el único sonido en la sala era la respiración contenida de Héctor y los apagados gemidos de Álex. Preocupado por el bienestar de su hijo, Héctor besó una y otra vez su rostro, su cabello, sus labios, pero no se retiró ni un centímetro; no solo porque aquel apretado canal le brindaba un placer inmenso, si no porque su hijo le había pedido que lo convirtiera en su hombre, y si quería serlo, debía no solo soportar su miembro, si no disfrutarlo también. Así que dio el siguiente paso y con tanta suavidad como le fue posible, extrajo su miembro casi por completo para después volverlo a introducir con mucha lentitud. Alex bufaba y resoplaba, intentando relajarse, pero el dolor parecía no disminuir. De hecho aumentó cuando su padre comenzó a moverse. Podía sentir con claridad como aquel gigantesco pedazo de carne entraba centímetro a centímetro en sus entrañas para después retirarse dejando un enorme espacio vacío. Sin embargo, tras un par de acometidas, algo empezó a cambiar: inició con el espacio vacío que sentía cuando Héctor salía de él y le siguió una especie de tristeza, un ansia de volver a sentirse lleno. Luego, cuando volvía a entrar, el dolor lo destrozaba, pero cuando el firme miembro llegaba a lo más profundo, y cuando mas lleno de su padre se sentía, el bulboso glande tocaba un punto que al instante convertía todo el dolor en un placer de la misma magnitud, y cada vez que se repetía aquello, el placer era mayor y mayor, pronto sus quejidos se convirtieron en auténticos gemidos de satisfacción, su próstata bien maseajeada.
   Héctor notó que la tensión en el cuerpo de Alex desaparecía. 
   Lo había logrado. Había domado el culo de su hijo. Sabiendo que ya no le causaba dolor, comenzó a envestir una y otra vez, cada vez imprimiendo mayor fuerza y velocidad a sus acometidas; restregando su erecta virilidad contra las estrechas paredes anales de Alex. El placer era inexorable. Ya antes había tenido oportunidad de desvirgar a otros chicos, pero este era especial; y no solo por que era el más hermoso o porque fuera su hijo. Era algo más. Algo que tenía en la punta de la lengua y que aún no era capaz de expresar, pero de alguna manera sabía que en ese acto sexual, en esa comunión cuerpo a cuerpo padre a hijo hallaría la respuesta. 
   Esta dentro de mi, pensó Alex una y otra vez mientras sentía la cadera de su padre moverse como un pistón bien engrasado. Mi padre está dentro de mi, y ahora somos uno.
   Álex hubiera querido expresar estas palabras en voz alta, pero el placer que sentía había hecho colapsar la parte racional de su mente. Ya sólo era capaz de gritar de placer. Aquella sensación era única. Nada podía superarlo y de hecho quería más. Quería sentir a su padre dentro día y noche sin descanso. Buscando expresar su sentir extendió sus manos y tomo las palmas de de Héctor para después estirar el cuello y besar los labios de su padre. Así, con las manos, labios y sexos unidos experimentaron juntos el orgasmo. El pene de Héctor se endureció aún mas y su grosor pareció aumentar por momentos, al mismo tiempo que un espasmo recorrió su cuerpo. Álex, antes de gritar, pudo ver como su padre cerraba los ojos y contraía su rostro, en un gesto que podía ser de dolor o de placer. Su respiración se agitó aún más y la cabeza de Álex se saturó al escuchar el profundo y varonil gemido que su padre dejó escapar. Casi parecía que su pecho iba a explotar, mas lo que estallo fue el miembro de Héctor. Álex lo sintió con claridad. Su engrosado miembro comenzó a eyacular chorros y chorros de ardiente semen. Era como si lo llenara de ardiente lava. Esta sensación detonó el orgasmo del chico. Su propio miembro disparó sus fuegos artificiales, sin ni siquiera tocarse, bañándolo a él y a su padre con su blanca esencia. Para ambos el orgasmo fue épico. Durante un rato se quedaron ahí tumbados, uno sobre el otro, sucios, sudorosos, agitados y muy complacidos.
   Héctor fue el primero en moverse. Intentó retirarse del interior de Álex, pero el chico no lo permitió. Apretó con sus piernas y se aferró a la espalda de su padre. Extrañado, Héctor miró a su hijo y sus ojos le mostraron un febril placer que lo amedrentó.
   - ¡No, no te vayas! – suplicó Álex – Si sales de mi vas a dejar un vacio que nadie podrá llenar. Quiero tenerte así siempre, dentro de mi. Eres el único que me haría sentir tan… completo. Papá, ¿en dónde has estado todo el este tiempo?
   Álex por fin había podido expresar lo que sentía. 
   Héctor entendió y sonriendo susurró:
   - Así que era eso- Pensé que te estaba haciendo mío, pero en realidad el que me poseyó fuiste tu – Álex sonrió en respuesta – Pues entonces que así sea. Ahora eres mi hombre y yo soy el tuyo.
   Un nuevo beso selló este pacto y mientras sus lenguas se acariciaban, Álex sintió en sus entrañas el pene de su padre adquirir nueva fuerza. Sin romper el contacto se levantó del sillón encaramándose sobre su padre y quedando a horcajadas sobre su regazo. Ahora era su turno, el tenia el control, esta vez seria el quien le hiciera el amor a su padre.
   Toda la situación tomó a Héctor por sorpresa. Cuando lo notó, Álex ya lo estaba montando. Su pene aun estaba dentro de él y el chico subía y bajaba buscando más placer. Álex se movía como si bailara, con gracia y sensualidad, restregando su tibia y húmeda piel contra la de Héctor, acariciando su cuerpo, apretando sus músculos anales al compás de sus movimientos, en busca de los puntos de placer de su padre. Ya no era un muchacho. Su hijo se había convertido en la pasión encarnada y como tal, buscaba ser satisfecha. Héctor se dejo llevar; el erótico movimiento de las caderas de Álex lo conducía lentamente por la senda del placer. Orgulloso miró a su hijo, tan hombre, tan hermoso, pero tan joven. Nuevamente besó su pecho, chupó sus pezones, limpió su piel del sudor y de las anteriores venidas. Una vez mas comprobó que no había manjar más delicioso que la semilla de su hijo. Goloso, rebuscó las gotas esparcidas por el torso de Álex y las devoró.
   Padre e hijo sintieron como el mundo y el tiempo se detenían y dejaban de existir, quedando solo ellos dos. Nuevamente llegaron al orgasmo juntos. Esta vez mas que una explosión fue como una dulce lluvia. Álex sentía el semen y el miembro de su padre dentro de él y pensó que no habría nada más glorioso en el mundo. Por su parte, Héctor vio como los ojos de su hijo reflejaban una luz especial, una luz que le entibiaba el pecho y lo llenaba de agradables sensaciones. En ese momento lo entendió. Aquella satisfacción, aquel estático placer no tenía que ver con el sexo si no que lo complementaba… Ahora ya sabía qué era y su alma tembló.
    - Te amo Alejandro – susurro Héctor, verbalizando su idea sin darse cuenta.
    - Yo te amo también papá – respondió Álex sin dudar.
   - ¿Sabes hijo? Es triste aceptarlo, pero acabo de darme cuenta… Es la primera vez en mi vida que hago el amor.
    - Me da gusto, saberlo. Fue la primera vez para mi también.
  Se besaron nuevamente. Ninguno quería romper el íntimo contacto. Sin embargo Héctor sintió una extraña inquietud que se tradujo en miedo. Ya pasada la tormenta de pasión, las dudas comenzaban a rondar su cabeza ¿Sería el amor que sentía suficiente para acallarlas?
   - Álex ¿Qué vamos a hacer? -preguntó su padre.
   - Amantes, vamos a ser amantes – respondió Álex.
  Y un beso selló esas palabras.
 FIN.
AUTOR: N. Argueta.
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Envíen su relatos a: umbral_1@yahoo.es
Revisen puntuación y gramática, por favor.
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dimanche 22 mai 2016

Like father like son. (Partes 1º y 2º)


Like father like son (2015 -Titanmen Studios) NO ES un film de Joe Gage, ni tampoco lo pretende. Y una vez más, todo lo que vas a ver aquí ya lo habrás visto antes, incluido a uno de los chicos, Luke Adams, del primer Son Swap. Y lo siento por el spoiler, pero de nuevo estamos ante otro intercambio de algo, que aunque planteado de manera diferente al de la película antes citada, no deja de ser exactamente la misma cosa, por mucho que su director, Jasun Mark, pretenda mostrar más bien un intercambio de padres. Morbo hay -David Anthony-, buenas escenas de sexo también, y no faltan litros de mecos, como dicen en México (lefa, leche, semen...) No obstante, el resultado final es más de lo mismo. Y muy a pesar del título, cuya traducción más acertada no sería Como padre e hijo, sino más bien, De tal palo, tal astilla.

Kaleb King, David Anthony, Casey Williams y Luke Adams.
Kaleb King y Luke Adams son dos colegas (cuates, pibes) que casualmente son amantes. A ambos les encanta chuparse las vergas el uno al otro. Y coger -follar- (¿y a quién no?) Una tarde, estando en casa de Adams, son sorpendidos en plena jodienda por el padre de éste, Casey Williams. Los dos chicos se las arreglan para disimular muy bien lo que estaban haciendo ante Williams, quien les recuerda que, tras el gimnasio -por supuesto, y como quiere el tópico, ambos chicos son ratas de gimnasio- pues que no lleguen tarde a casa. En la siguiente escena, cuando se supone que los chicos están de camino al gimnasio, Williams habla por el whatsup a través de su teléfono móvil con su hijo, y nos enteramos de que Adams y King han olvidado su bolsa de deporte y que planean dar media vuelta e ir a recogerla. Entonces aparece en escena el padre de King, el gran David Anthony quien, sediento, comienza con una cerveza y termina merendándose sexualmente a su amigo Williams.
Pero vayamos por partes.
Kaleb King, chupado por Luke Adams.
La primera de las cuatro escenas de esta película comienza in media res, es decir, de golpe y porrazo, sin presentaciones previas. Esto no impide percibir que los chicos no son tan chicos, sino más bien algo maduritos: los 23 añitos de Luke Adams se notan, pese a su carita de niño y su empeño por parecer un chaval de 18. El efecto es aún mayor en Kaleb King, quien ya casi roza los 30. Nada que objetar: en el porno, fuera niños y cuando más creciditos, mejor. Así pues, y tal como apuntaba más arriba, Kaleb King y Luke Adams, se besan, se chupan y comienzan una buena jodienda hasta que son interrumpidos por el padre de Luke Adams, quien, además de dejarse ver, le recuerda a los muchachos que no lleguen tarde el gimnasio. El papel del papá de Lucas recae en Casey Williams, actor que ya había trabajado y se había trabajado además, a Kaleb King haciendo de su hijastro en la nicanoellada intitulada The Stepfather2. Tras este polvus interrumptus, la escena nos lleva a la cocina de la casa, con Williams hablando por el whatsup con su hijo, el cual se ha dado cuenta de que olvidó su mochila con los enseres del gimanasio y planea volver a buscarla. Y en esa estamos cuando irrumpe en la cocina el polludo de David Anthony, amigo de Williams y padre de Kaleb. Ambos hombres se atraen, es un hecho. Ambos hombres se gustan, no hay duda. Y su férrea heterosexualidad cae sin remedio cuando ambos hombres se descubren a si mismos besándose y chupándose sus vergas. Y sólo cuando David Anthony se culea a Williams, ambos chicos, ya de vuelta, descubrirán a sus propios padres cogiendo entre ellos...





La segunda escena de la película, sólo recoge el frenético polvo entre los padres de los chicos. Sospecho que esta escena se editó aparte para figurar fuera del DVD, o en la web de Titanmen. Pero hay que añadir que, viendo a sus padres follando entre ellos, los chicos se plantearán un reto importante... Ahora que saben que sus propios padres son también gays como ellos, el reto consistirá en que cada uno de los muchachos deberá follar con el padre el otro. Ni más ni menos. O más de lo mismo. No es un intercambio de hijos. Quizá sea un intercambio de padres. ¡Qué más da! No es original, ni nada que no hayas visto ya.





NOTA: Ambos vídeos contienen pop-ups previas. Tras ellas, los vídeos podrán verse sin mayores problemas.
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vendredi 20 mai 2016

Joder hijo, menudo culazo tienes

Y que lo digas, anda que no te lo pasas bien tú follándotelo eh. Aunque él tampoco es que se lo pase mal eh, que sentir ese pollón maduro dentro de su culo le encanta. Vaya par de golfos en un polvazo incestuoso de puta madre.
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vendredi 6 mai 2016

Daddy Chasers

Daddy Chasers (2015, Catalina/Channel 1) es un film del inefable
Chi Chi La Rue.


De entrada esta película podría haberse titulado 'Hola me llamo Sam Truitt y me gusta follar con hombres maduros' o bien 'Orgía Intergeneracional', y cualquiera de ambos títulos tendría sentido: la segunda escena de la película, y la excusa de haberla filmado, es para el lucimiento del joven Sam Truitt, quien a su vez se ve envuelto en una orgía de pesadilla, pero con final feliz. Y todo eso bajo la batuta de Chi Chi La Rue. 


Con la participación de un elenco privilegiado, a la cabeza del cual destacan Jason Phoenix, David Benjamin y el aludido Sam Trutt (padre e hijo en la ficción), Daddy Chasers es una buena ocasión para comprobar que el título promete lo que anuncia, y no decepciona. Más bien al contrario, escandaliza y satisface a la vez, al público más exigente en cuanto a películas daddy/boy (joven y maduro) se refiere. ¿Y por qué? Pues porque La Rue -y sin manías- por fin se atreve a traspasar la línea roja. Y me explico: ya desde el año 2013 los estudios productores de películas porno gay se habían instalado cómodamente en una moda que consistía en darle una vuelta de tuerca al tema daddy/boy presentando situaciones pseudoincestuosas (¿se me acepta el término? o relaciones de incesto no consanguíneas. Naturalmente el morbo estaba servido, y todos los Stepfathers y Stepsons que se os ocurran e intercambios, incluídas las películas de Nica Noelle, han sido buena muestra de ello. ¿Y quién iba más allá y traspasaba esa línea roja en la que el incesto es entre parientes consanguíneos en algunas de sus películas? Pues el bueno de Joe Gage, solitario en el género, y de vez en cuando, acompañado de alguien más como una rara e inesperada excepción. Como ahora Chi Chi la Rue. Tras la estela de películas como Fucked by our dads (Follados por nuestros padres) -otra película en la que los padres se intercambian sus creciditos retoños- o Daddy it hurts -orgía intergeneracional filmada con más o menos gracia en la uno de los chavales se merienda el rabo de papá-, parecía que La Rue estaba dando un giro muy claro a las relaciones padre/hijo y sin pedir perdón por ello. Como en Daddy Chasers, denso filme condensado en tan sólo dos escenas sin conexión argumental la una con la otra, y ni una más, porque la película no necesita de añadidos para funcionar. La primera de esas escenas -y cuyo pilar es esa máquina que en inglés llaman fuckin' machine- ya contiene un guiño hacia el tema de sexo con papa. Trenton Ducati y Jason Phoenix están un almacén y allí se encuentran con la máquina aludida, que al parecer pertenece al padre de Phoenix.
David Bejamin, penetrado por su hijo, en la ficción, Sam Truitt
El material ya está servido y ambos muchachos, y gracias a la ayuda del artilugio en cuestión, nos regalarán lo que mejor saber hacer: sexo y litros de esperma. Y pronto llega la escena que nos interesa, en la que por alguna absurda razón, David Benjamin recibe una llamada de Logan Vaugh, profesor de su hijo. Al parecer el retoño de Benjamin, papel que cae en la estrella del momento, Sam Truitt, se está portando muy mal en clase. Como sea, David Benjamin termina en el aula de su hijo, acompañado de Vaugh, el profesor. Y con ellos, dos muchachos más y el papá de ellos. La chispa que enciende el fuego es un castigo que va a recibir Truitt por parte de padre, frente al profesor y frente a sus compañeros de aula. Las llamas prenden, y afectarán a todo el mundo presente en dicha aula. Y que no se te escape la frase que pronuncia Benjamin, dirigida a su hijo, en medio del festival de fuegos artificiales: Come on son, fuck me like a man (Venga hijo, fóllame como un hombre) Y no tengo que añadir nada más. 


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jeudi 5 mai 2016

Papá me casca una buena paja

De momento aun no se atreve a follar, pero darle tiempo que follaremos seguro. Por ahora solo me la casca pero la verdad es que papá tiene muy buenas manos y disfruto mucho de sus pajas.
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samedi 30 avril 2016

Del tal padre, tal hijo. (Relato) - Tercera Parte

UN ACTO PROHIBIDO.

Alex se bajo del taxi y tras estirar su adolorido cuello, contempló los edificios que se levantaban ante él. Las moles de concreto dominaban la calle con su agradable color azul. (...)  La puerta se abrió. Un hombre de treinta y tantos años, alto, mal rasurado, de torso desnudo y complexión atlética, salió y miró a Alex con desconcierto.
(...) Su miembro se endureció de manera inmediata extendiéndose en toda su longitud, reclamando ser satisfecho, ya sin excusas. Casi sin darse cuenta llevó su mano hacia su sexo, lo asió con fuerza, y comenzó a masturbarse.(...) Se imaginó tocando aquel cuerpo, cediendo a sus más bajos instintos, dejándose poseer de todas las maneras posibles por ese glorioso espécimen masculino que era su entrenador y también su propio padre.(...)
-¡Te deseo, te deseo desde que abrí la puerta y te vi! Al principio pensé que eras un chico cualquiera, el chico más hermoso que hubiera visto, pero de inmediato caí en cuenta de que eras mi hijo- Mientras hablaba extendió sus manos acariciando el rostro de Álex de manera frenética – Pensé que se me pasaría, que podría controlarlo, pero cuando te vi medio desnudo y después de tocar tu piel… supe que estaba perdido...
- ¿Es que no te das cuenta de que yo siento lo mismo? – replicó Álex con la voz quebrada...
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...Héctor se separó un momento de los sedientos labios de su hijo. Lo miró con avidez, sus ojos se llenaron de aquella joven y masculina belleza. Si, lo deseaba y toda objeción que hubiera existido antes dejó de ser importante.  Lo único que contaba era el aquí y el ahora. Atrajo a Álex hacia si una vez más y tras besarlo frugalmente en los labios, le besó el cabello, los párpados, las orejas, el cuello. Héctor deseaba devorar ese cuerpo y con tal de hacerlo rodeó el torso del chico con más fuerza, obligándolo a subir al sillón y ponerse a horcajadas sobre su regazo. Héctor se encontró con la mirada de Álex; ambos pudieron ver el deseo reflejado en los ojos del otro. Se deseaban, no había dudas ni vuelta atrás. El muchacho sintió la mano de Héctor recorrer su espalda desnuda, desde la base del cuello hasta su cadera.  Un momento después, la otra mano de su padre le acariciaba el pecho, enredando sus dedos en el suave vello que nacía en sus pectorales y vientre. El chico no pudo evitar sentir un escalofrío de placer recorriéndole toda la piel.
      - Eres el joven más hermoso que he visto en toda mi vida - Tras estas palabras, Héctor acercó su boca a uno de los pezones de su hijo y comenzó a lamerlo con deleite.
     Álex soltó un gemido al sentir aquella caricia.  Su cuerpo se estremeció y el placer empezó a aumentar en oleadas conforme sentía la ardiente boca de su padre chupar y morder su virgen pezón, ahora erecto y sonrosado.  Héctor sonrió al notar la reacción de Alex. Quería obsequiarle con el mayor placer del mundo, después de todo era su hijo y sólo quería lo mejor para él. Así que puso a trabajar la destreza que había adquirido con los años moviendo sus labios por el torso y abdomen del chico, lamiendo, mordiendo, succionando, prodigando caricias y arrancando suspiros de satisfacción. Mientras degustaba el sabor de la juventud que yacía en aquella piel, Héctor ocupó sus manos en recorrer nuevamente la piel de la espalda de su hijo, bajando cada vez mas para después colar sus manos dentro del ajustado bóxer, donde masajeó con deleite las redondeadas nalgas del adolescente. La intensidad de las caricias era demasiada.  Álex casi sentía desmayarse, así que se aferró al cuerpo de su padre y  clavó los dedos en su espalda,  obteniendo como respuesta un sordo gruñido y un aumento en la intensidad del toqueteo… Al parecer, Héctor se estaba dejando llevar por la excitación, porque lo que siguiente que Alex sintió fue como, en un arranque de lujuria, Héctor le rasgaba sus bóxers, arrancándoselos del todo y dejándolo desnudo y sobrecogido, su sexo, completamente erecto.                                                                                     
    Finalmente Héctor podía contemplar a su hijo, el bello adonis tal como había llegado al mundo, desnudo, indefenso e infinitamente hermoso. Ya antes había deleitado no sólo sus ojos si no también sus manos en aquel torso de blanca piel y definidas proporciones, salpicado de un sedoso vello castaño. Sin embargo esta vez pudo contemplar en toda su gloria el joven miembro de Alex. Su proporción era hermosa, de unos 17 cms de largo, con un grueso y venoso tronco sosteniendo una cabeza brillante y violácea que apuntaba mas allá de su ombligo. Al tacto resultaba férreo y palpitante, y el glande escurría profusamente un brillante liquido que lo hacía ver mas apetitoso. Héctor apenas podía creer que ya hacía 17 años, él mismo había ayudado a concebir a este joven efebo y más aún, que estuviera por desflorarlo.
     Álex sintió como la mirada de su padre le quemaba la piel y le encantó ser objeto de aquel obsceno deseo. Permaneció inmóvil, esperando pacientemente a que Héctor saciara su visión. Él antes ya había tenido oportunidad de contemplar el cuerpo desnudo de su padre, y supuso que seria justo dejar que él hiciera otro tanto. Una tibia y húmeda sensación lo tomó por sorpresa: bajó la mirada para ver cómo Héctor engullía su miembro, y empezaba a mamarlo con suavidad. La lengua paterna recorrió su hombría de punta a punta, lamiéndolo como si fuera un helado. Enseguida los labios se unieron al festín, cubriendo con delicadeza el glande para después masajearlo lentamente. Álex se maravilló contemplando cómo su miembro desaparecía por completo en la húmeda boca de su padre, para después sentir su lengua como llama ardiente acariciando su miembro, regalándole un placer único, al mismo tiempo que los hábiles dedos de Héctor se abrieron paso por entre las apretadas nalgas, llegando hasta el apretado ano y acariciando los bordes de aquella apetitosa entrada. La combinación fue muy poderosa y Álex  se perdió y sintió que se rendía a su padre.  Anulada ya su voluntad, su cuerpo se sentía desmadejado por una marejada de placenteras sensaciones. Las caricias en su piel habían logrado estremecerlo a tal punto que su mente se desconectó. Por un momento fue solo un cuerpo inundado por el placer: no hubo nada mas, simplemente fue demasiado para él. Sólo logró mantenerse erguido, gimiendo como poseso, con la mirada perdida, mientras su padre lo sometía al más intenso placer.
Fue durante ese estado de abandono que Alex comenzó a sentir algo extraño. Inició como un ligero cosquilleo que se coló por su piel, llegando a sus entrañas e incluso pudo sentirlo en los huesos. Aquella sensación comenzó a concentrarse en su vientre, formando una vorágine que explotó sin previo aviso inflamando su cuerpo con la más exquisita sensación que jamás hubiera sentido.
     Héctor sintió como el cuerpo de su hijo se convulsionaba presa del placer. Las manos del chico le arañaban la espalda y se aferraban a su cabello, hasta que Álex se corrió, lanzando un grito al ire. De pronto la boca de su padre se vio llena de una dulce y espesa sustancia que aquel joven pene disparaba con fuerza y fue tal la intensidad que no pudo contenerla, y pronto el semen ya le escurría por las comisuras de su boca. Habiendo degustado todos los disparos del delicioso esperma que su hijo le regaló, sacó el erecto miembro de su boca y con deleite lamió los residuos que quedaron adheridos a la piel. El sabor de aquella blanca leche le resultó una exquisitez y hasta se le antojó que tenía una cualidad agridulce que le alegró el paladar. Si por él fuera no querría probar nada más en su vida.

      Cuando Álex logró recuperarse del orgasmo que había sufrido, abrió los ojos y bajó la mirada. La visión de su padre relamiéndose los labios cubiertos de semen lo recibió. Una exclamación de satisfacción escapo de sus labios. Aquel sonido invitó a Héctor a mirarlo.
      - Esto es un manjar de los dioses – susurro él, con notoria satisfacción.
     - Me gustaría probar el tuyo… -lo decir Álex- Las madres alimentan a sus hijos cuando son pequeños; siendo mi padre deberías alimentarme con tu leche para que pueda convertirme en todo un hombre… Para que me convierta en tu hombre… aunque tendrás que guiarme, nunca he hecho algo así.
      Héctor no pudo evitar sonreír ante estas palabras.
      - Eso no está bien, siendo el más bello de los efebos, deberías tener un harem de hombres a tus pies listos a cumplir todos tus deseos.
     - Lo dices sólo porque soy tu hijo – replicó Alex apenado – Además el que tiene un harem de jovencitos eres tu.
     - ¡Créeme tu Álex, tú vales mil veces más!  ¡Eres lo único que deseo y lo único que desearé de ahora en adelante.
      Álex estaba arrobado. Aquellas palabras significaban mucho. No encontraba como contestar a tan bellos sentimientos. Sólo atino a inclinarse y responder con un profundo beso. Aquellos labios lo recibieron con su dulce sabor ambarino, ahora mezclado con su semilla masculina, convirtiendo la saliva de su padre en una sustancia densa y de sabor fuerte que invitaba a pecar una y mil veces más. Sin interrumpir el beso, Héctor se levanto del sillón. Ahora era él quien tenía que inclinarse ligeramente para besar a Álex.  Y ahora fueron las manos del chico las que, ansiosas y llenas de deseo, intentaron recorrer el cuerpo de su padre, pero al encontrarse con la barrera de la ropa redirigieron su esfuerzo y se empeñaron en desabotonar la camisa que llevaba puesta.  Tras conseguirlo se colaron entre los pliegues de la prenda en búsqueda de su piel febril. Aquellas jóvenes manos recorrieron la geografía del torso de Héctor. Acariciaron cada musculo, deleitándose en la aterciopelada piel cubierta de vello. Álex sintió la necesidad de probar aquella piel y se inclinó e imitando a su padre, comenzó recorrer cada centímetro de piel con su lengua, disfrutando del sabor y perdiéndose en la sensación de aquel cuerpo tan varonil. Con fascinación recorrió cada parte de aquel torso, bajando cada vez más. Pronto estuvo hincado en el suelo contemplando el prominente bulto que su padre guardaba en su entrepierna. Con una mirada expectante,  Álex vio como su padre se prestaba a cumplir su deseo. Con parsimonia bajó su cierre y del interior de su pantalón extrajo su erecto y pulsante miembro. Al chico le pareció descomunal.  Y aunque ya antes había tenido oportunidad de verlo en reposo, nada se comparaba a contemplarlo en toda su erecta gloria. Era notoriamente grueso y de color cremoso. Tenía una envergadura de unos 20 centímetros, el glande, ligeramente más grande que el tronco, palpitaba como si de un corazón se tratase. En conjunto resultaba gigantescamente bello.
   Mientras estaba ahí, hincado con aquel miembro sobre su rostro, Álex se llenó de un sentimiento de adoración. Allí estaba el instrumento que le había dado la vida. De aquel mismo pene había salido la semilla que le dio origen. Este enorme y turgente cetro de carne era su objeto de adoración y él se convertiría en su acolito, y haría de su cuerpo un altar donde le rendiría pleitesía. Sabía que la blanca semilla generada por su padre le había dado vida y sentía que ahora podía comulgar con ella. Debía recibirla y guardarla dentro de si. Lleno de fervor, abrió su boca, extrajo su lengua y comenzó a ungir el pene paterno con su saliva. Su padre gimió y bufó mientras sentía a su hijo lamerle la verga. Álex gimoteó al degustar su sabor. Era similar al almizclado aroma que desprendía su piel, sólo que infinitamente más delicioso. Mientras recorría con su lengua cada centímetro del ciclópeo miembro de su padre, Alex se sintió sobrecogido. ¿Como haría para meterlo todo dentro de su boca? Quería complacer a su padre, quería probarle que las palabras que había dicho eran ciertas, que valía mil veces más que cualquiera de sus jóvenes amantes. Intentando lograr el truco unió sus labios al festín y pronto hacia esfuerzos por mantener aquel inmenso pedazo de carne dentro de su boca. Logró introducir poco más de la mitad cuando las arcadas se dejaron sentir en su garganta. Apenado se sacó el miembro de la boca.
    Héctor estaba orgulloso de su hijo; sin dificultad imitó todas las caricias que había practicado en él. Se notaba como hacia lo posible por brindarle el mismo placer y por Dios, lo estaba logrando. Sin embargo era obvio que por más esfuerzos que hiciera su inexperta boca no podía recibir un miembro como el suyo: era demasiado grande para una boca inexperta.
    - ¡Álex no te preocupes, es cosa de práctica y te prometo que practicaremos mucho! - Exclamo Héctor acariciando el cabello de su hijo para después guiñarle el ojo.
     El chico sonrió. Había entendió el mensaje. Luego de corresponder la sonrisa, volvió al ataque. Nuevamente sacó su lengua buscando saborear aquella delicia. Improvisando, busco la manera de masajear aquella carne turgente; chupó la cabeza, masajeó el tronco con los labios y con cada intento notó como su padre empezaba a gemir cada vez más y más complacido. No había duda que las reacciones de su padre eran notorias y su placer palpable. Con más seguridad intentó nuevamente introducir el enorme miembro en su boca.  Sabía que no lo lograría, así que esta vez cubrió tanto como pudo con su boca, y con sus manos cubrió la base. Poco a poco sincronizó sus movimientos, y al instante se dio cuenta de que iba por buen camino. La férrea erección de su padre cobró más firmeza y pudo saborear con claridad su espeso néctar pre eyaculatorio: era único, salado y robusto como si de un licor se tratase.
        - ¡Alex, por dios! –exclamó Héctor con voz entrecortada- ¡No te detengas… es delicioso!
      El chico sonrió complacido y continuo su labor, acelerando el ritmo poco a poco, provocando gemidos cada vez más escandalosos de parte de su padre. 
      Héctor no soportó mucho más tiempo. Nunca pensó que un chico virgen e por tanto inexperto, fuera capaz de darle la mamada más deliciosa de su vida.  O tal vez no era sólo eso, tal vez era el hecho de que el chico más hermoso que jamás hubiera conocido, y que de casualidad era su hijo, el hijo que deseaba beber la blanca esencia que manaba de su miembro viril, la misma con la que lo había concebido años atrás. Esa imagen fue el detonador.  Sin poder controlarse más, Héctor experimento un orgasmo lleno de una gran intensidad, y sordos gruñidos escaparon de su pecho. Su cuerpo se estremeció con fuerza y su verga expulsó chorros y chorros de blanca esperma que Alex se apresuró a beber.
     La intensa eyaculación de Héctor fue demasiado para Alex. Aquella blanca y ardiente metralla pronto le llenó la boca. Temiendo ahogarse se separó del sexo de su padre, recibiendo otros tantos disparos en el rostro. Alex cerró los ojos disfrutando aquella tibia y gloriosa sensación que cubría su rostro y escurría por su pecho. Se sentía como la tierra seca que recibe la lluvia tras un largo tiempo de sequia; y aquel sabor… el sabor del blanco licor de Héctor le llenó el paladar, descubriendo que era algo que siempre había deseado y de lo que nunca se cansaría. Se sentía bendecido: su padre lo había bañado con su semilla de creación. Abrió los ojos y pudo ver como las últimas gotas de aquel elixir resbalaban por el glande de su progenitor. Con fervor se acercó y libó los residuos de aquel néctar divino. No pensaba dejar escapar ni la más mínima gota.
       Héctor tardó un poco en recuperar el aliento. El orgasmo que sintió había sido extraordinario. No lograba entender a que se debía. Su vida sexual había sido amplia y variada, pero ninguna de sus experiencias le habían dejado tan satisfecho y ansioso al mismo tiempo, pero tenía la seguridad de que si continuaba, podría averiguar de qué se trataba. Abrió los ojos sólo para contemplar lo que considero la imagen más sensual que jamás había visto: su hijo aún yacía hincado con los ojos cerrados y el rostro apuntando al cielo; su boca, cara y pecho estaban rebosantes de su esperma, pero lo que más le sobrecogió fue la expresión en el rostro de su hijo: fervor, placer y éxtasis. Sin poder contenerse se hincó frente a Alex y comenzó a besarlo y abrazarlo. Tenía la insaciable necesidad de grabar sus labios en aquella joven piel. Álex le miró a los ojos y ambos compartieron una mirada de intensidad y la mutua e intolerable necesidad de satisfacer sus deseos.  Era un hecho.  Si aquella pasión no era apagada, los terminaría consumiendo hasta morir.
     Héctor sintió su polla latir con fuerza, ansiando llenar las entrañas de su hijo, pero sabía que sería tarea complicada siendo Alex aún virgen.
       Como padre supo que debía tomar el control…
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Autor: N. Argueta
FIN DE LA TERCERA PARTE.


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lundi 25 avril 2016

Pilladetes... ¡Pillaos!

En el acto.
Por...


Por un matón de gimnasio...

Por tu hermano menor.
Por tu mejor amigo

Por papá

Por tu hijo
Por tu profesor

 Por tu primito.

 Por tu chico.
Por un enfermero

Por tu hijo, a la hora de la siesta...

Por tu gemelo
Por Dirk Caber

Por alguien que en plena noche viene a follarte...

Por tu jefe
Por tus amigos

Por tu vecino

Por tu abuelito
Por el sonido inesperado del timbre de la puerta

Por un vouyeur en playa...

Por un observador cualquiera
 Por alguien que quiere unirse a la fiesta

Por tu sobrino, mirando porno en tu cama

Por tu tío, en visita inesperada.
Por tu mentor

Por la familia...

Por tu hermano mayor
Por quien nunca debería haber abierto esa puerta...

Por alguien

Por papá y tu brother
Por él.

...Más en Unkown album (http://www.pornhub.com/album/6191342)
Gracias a M. Txuri por la idea.


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