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samedi 25 juillet 2015

Profunda Amistad II - Relato

La anterior entrega de este relato terminó así: ...Ambos nos dimos la vuelta y en la puerta estaba el hermano menor de mi amigo, con una cara de sorpresa y estupefacción que no podía con ella. Y junto a él estaba su padre con una expresión de terror ensombreciendo su rostro, aún más desencajado y estático que la de su hijo menor.
- ¿Pero qué hacen? -aulló el hombre.

¿Quieres saber cómo sigue?
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PROFUNDA AMISTAD II
Sentí un espasmo en mis entrañas que casi me daba nauseas y Rodrigo dijo atropelladamente
 – ¡Papa! ¡Papa! Es que… nosotros... Es que… - era imposible hablar para explicar todo aquello. Era obvio que no había excusas que dar en absoluto. Era lo que era y estábamos a disposición de la opinión de aquel adulto.
- ¡No hijo! -dijo aquel hombre, con su voz grave- ¡Fue un pregunta estúpida, por la sorpresa de verles de esta guisa, muchachos!
-¡Te dije papa! Estaban haciendo cosas y no paraban- gritó Gustavo con un gusto nada disimulado, e hinchado del orgullo de quien descubre al culpable de alguna suerte de crimen recién cometido. Más que sorprendido o asqueado, parecía irremediablemente curioso por lo que hacíamos. Y era de esperarse, teniendo en cuenta que siendo menor que Rodrigo, debió de sentir las mismas ansias que nosotros. En su pantalón  se notaba una casa de campaña.
- ¡Ya, Gus, ya…! -terció su padre- Esto no es malo en absoluto -continuó aquel hombre con voz grave, pero calmada- Tu hermano y su amigo sólo están disfrutando de sus cuerpos. Están en la edad. Sólo tienen que recordar en cuidarse y que no se entere tu mama.-añadió aquel adulto. Podría haber empleado el mismo tono de voz para aleccionar a cualquiera de sus hijos a la hora de montarse en una motocicleta, por ejemplo. Me sorprendió que el padre de mi amigo se lo tomara con tal madurez. Él era profesor de gimnasia en una secundaria y tenía además la responsabilidad de impartir educación sexual a sus alumnos. Pero aun así era fácil imaginar que molería a su hijo a golpes si lo encontraba en tal acto. ¡Y con un muchacho! ¡Conmigo para más inri! 
- ¿Ves baboso? ¡Ya cállate – le reclamó Rodrigo a su hermano menor. Pese a la determinación de su voz, yo le noté muy nervioso. Quizás para disimularlo, puso su atención en mi de nuevo. Su miembro se restregaba y colgaba entre mis glúteos y sus manos acariciaban mi espalda. Sin embargo yo no podía alejar la vista ni mi mente a los familiares de Rodrigo, mirándonos con sus ojos como platos.
Definitvamente se me fue la erección. Sentíame desinflado, perdido, y terriblemente avergonzado.
-¡Señor, perdónenos! -exclamé, clavando mi mirada en la del padre de Rodrigo.
-¡No, Jorge, está bien! Sólo no se lastimen y…sigan- fue todo lo que digo. Si alguien le hubiera traído una soda y unas palomitas a aquel hombre, apuesto a que ni lo hubiera agradecido, tan absorto hayaba mirando lo que miraba. Pese a todo,  me dio una inquietud de algo antinatural.  Ambos, padre e hijo, seguían sorprendidos, pero no parecía que quisieran detenernos, y pareció que entre ellos la calentura era mucha. Mi amigo y yo nos besamos y nos dimos la vuelta, el recostado y yo arriba. Supongo que mi amigo confiaría en que su padre y su hermano abandonasen pronto la recamara, y seguramente por eso Rodrigo tomó mi cadera e intento que me sentara sobre su erecto miembro, a lo cual me resistí obviamente.
-¡No pueden! – inquirió Gustavo.
-¡Jorge, eres virgen! -exclamó el padre. Y añadió: ¡Se pueden lastimar! ¡No es tan fácil! –
Y mi cuerpo vibró  al sentir las grandes manos del señor tocar mi piel desnuda..
-¡ Perdón…eh….Jorge! No te preocupes, no te lastimaré, -dijo aquel hombre-  pero es que se necesita preparar. De pronto sus dedos empezaron a masagear la región de mi ano y Rodrigo se movió a un lado. Gustavo estaba ya en la cama junto a él, ambos hermanos sorprendidos y curiosos al mismo tiempo.
- Sea que estén con una chica o con otro muchacho -continuó el padre de mi amigo, ya adoptando el tonillo de profesor- tienen que preparar el terreno primero, o podrían lastimarse los dos- titubeó. Al girarse y dirigirse a su hijo menor, quizás pensaba decirle que se fuera de ahí, pero él no planeaba irse tampoco, de igual manera. El hombre tenía puesto un pants deportivo rojo y una playera sin mangas. Había llegado del trabajo hacia quien sabe cuánto tiempo. Apestaba fuertemente a sudor, pero lejos de desagradarme, esto me éxito aún mas. Gracias al holgado pants, pude notar, sin disimular mi mirada en absoluto, que el también tenía una erección. Y grande, además. Aquel hombre estaba lejos de ser feo. A sus cuarenta años se mantenía bien en forma por su trabajo y poseía la misma sonrisa deliciosa que sus hijos. Tenía el cabello corto y una frente bastante amplia con entradas, y le llegábamos apenas al pecho de estatura. 
Era mareante lo excitado que estaba. ¿Acaso el padre de mi amigo me estaba calentando tanto?
El señor se llevó a la boca uno de sus dedos y con él masageó mi ano levemente. Mientras lo hacía tomó mi mano y la colocó en su entrepierna. Me quede fría  al sentir esa enorme verga bajo la tela. Pesaba, a diferencia de la de mi amigo, y parecía más gruesa. Los huevos parecía que estallaban, de lo gordos que se me antojaron.
-Recuerdo cuando tenía su edad, también solía explorar el cuerpo de mis amigos, y masturbarnos- afirmó ahora con voz tenue- ¡Todos lo hacemos…aunque nunca llegamos a penetrarnos! Ahora ya con la estimulación, y casi sin darme cuenta, su dedo se deslizó dentro de mí. Era algo incomodo pero lejos de ser desagradable, me animó tanto que sentí renacer mi erección. 
-¡Woowwww…entró! ¿Como se siente güey? - preguntó Rodrigo que no se perdía detalle.
- ¡Mmmmmm…bien! Duele un poco al principio – le respondí a Rodrigo. 
-Es natural, solo hay que tener paciencia -explicó el señor a mi espalda. Gustavo estaba encantado, mirando con gran expectación y con los pantalones abiertos. Su erección, expuesta ante mis ojos, estaba al máximo también. Por primera vez Rodrigo reparó en ella, y contemplando el pene erecto de su hermano menor, a quien un momento antes había baboso, pareció que ahora el baboso era él: si mirada transmitió picardía, si, pero deseo también. Su rostro entero pareció deshacerse en babas... De pronto y ante mi estupefacción mi amigo se reclinó sobre las piernas de Gustavo y se metió la verga de su hermano a la boca. Gustavo, contento se dejó hacer su primera mamada sin rechistar. La verga en mi mano dio un salto y pareció crecer  exponencialmente entre mis dedos. El señor miraba detrás de mi, y vió cómo sus hijos se hacían sexo oral. Eso accionó algún tipo de resorte en él que hizo que definitivamente toda su maquinaria masculina se pusiera en marcha. Lamió de nuevo sus dedos y esta vez empujo dos de ellos dentro de mí. Su otra mano recorrió mis glúteos, los palmeó y subió por mi espalda. 
- ¡Muchacho, estas bien rico…. Me alegro que seas la primera vez de mi hijo! -exclamó
- Señor, yo…-
Shh, sígueme diciendo señor – susurró
Ya el padre estaba tan excitado como nosotros los jóvenes. Su grande mano pasó a mis pectorales, y de nuevo, como su hijo lo hiciera momentos antes, los jugueteo y apretó a su antojo y pellizcó mis pezones. Sus dedos salieron y volvieron a entrar, ahora eran tres. Mi agujero cedía terreno cada vez con menos dolor y menos incomodidad. Alguien gimió profundamente y Rodrigó se separo de su hermano justo a tiempo para que yo alcanzara a contemplar su rostro cubierto de semen fresco y a su joven hermano. que yacía exhausto en la cama.
-¡Muchachos, no vayan a decir nada de esto a su madre! – proclamaba el padre, como para asustar la culpa de lo que estaba haciendo. De repente me tomó de las caderas, jalándome hacia su cuerpo y entonces cuando noté que algo entró en mi. Mi ano cedió como un anillo suave y ese algo que entraba se iba expandiendo y agrandando en mis entrañas. Sentí un poop y esa cosa se extendió hacia el frente, como un tren entrando por un túnel. El padre de mi amigo me había penetrado. Su carne llenaba todo mi interior y atisbaba a zonas muy recónditas. Mis santas posaderas notaron la mata de pelo de su pubis como un colchón y así se quedó él, dentro de mí. Sentí que mi corazón se paraba, y me faltaba la respiración. Los hermanos lanzaron un grito de sorpresa y Rodrigo se levanto para acercarse.  Ese tren dentro de mí retrocedió, y como un pistón volvió a entrar, dejándome sin aliento al llegar al fondo. Había algo de dolor, pero el éxtasis era aún mayor. Aquella verga entraba y retrocedía y empujaba, retrocedía y empujaba... a ritmo bien lento.

- ¡Respira hondo, Jorge! ¡Relájate no más! -susurró el señor, y luego apenas pude oir un .¡Uffff…qué rico!
- ¡No puede ser, papa! -exclamó de pronto una voz rota de adolescente- ¿Se la metiste en serio? Gustavo se puso de pie y también se acercó.

 -¡Si se lo está cogiendo! -exclamó el hermano de mi amigo-  ¿Qué se siente?
 Ni su padre ni yo respondimos nada, estábamos ya sin aliento y extasiados como para ocuparnos de eso. Papá te estás cogiendo a mi amigo, me pareció oir que Rodrigo susurraba. Al cabo noté que me iba. Por fin no aguanté, y sin tocarme, me corrí disparando chorros de mi semen hacia las sabanas. Los hermanos lanzaron reclamos de sorpresa y siguieron entretenidos mirando el porno en vivo, en su propia recámara. Con estas corridas mi ano se estrujó con cada espasmo, pero el padre de mi amigo siguió sin bajar el ritmo de sus acometidas. Yo sentía muy bien su verga, solida como una roca, aún en mis entrañas Con cada embestida mis bolas protestaban, y mi miembro engordaba mas, listo para volver a disparar.
- ¡Uf que rico muchacho! -gritó el padre de Rodrigo, follándome- ¡Ay….qué rico, qué rico! ¡Estas bien apretadito! En algún punto yo también empecé a gritar sin temor a que el escándalo saliera de la casa. Me retorcía hacia atrás para poder tocar a ese macho, pero sólo alcanzaba a tocar sus fuertes brazos y sus desnudos hombros. El señor se inclinaba a besar mi cuello mientras me follaba más y más duro y sus manos recorrían mi piel con apetito, tomaban mis pectorales y en busca de mis pezones, los apretaba y separaba con tosquedad y delirio.
- ¡Ay si Jorge ya no eres virgen! ¡Oh Dios! -aulló de pronto el señor, y al cabo sentí como si se orinara dentro de mí, y mi interior llenarse de tibieza repentina. También dejó de agarrarme  y quedé yaciendo en la cama. Su polla salió con la misma sensación de un tapón, y pude sentir el aire frio recorrer mi culo abierto. El hombre se hizo a un lado, agotado y bañado en sudor. Estaba desnudo excepto por la playera sin mangas, ahora toda ella manchada de sudor. Pude ver su cuerpo delgado y atractivo y una maraña de pelo bajo la playera, con un miembro venoso y descomunal, chorreando humedad como una bestia babeante. En uno de sus dedos brillaba el anillo de casado.
- ¡Uf hijo, ahora es todo tuyo! -fue todo lo que dijo cuando terminño de correrse.
Pero Rodrigo puso en su lugar y alzó mis piernas, para apoyarlas sobre su cuello. Sentí como si me hubiese hecho pis encima o algo peor. De dentro de mi adolorido culo se estaba escurriendo la leche del señor. Mi amigo dudo un poco, quizás por no tener ya un culo virgen, o quizás por la visión leche de su padre bañándome el orto, pero por fin colocó su glande en el sitio idóneo, y empujó. Fue así como fui follado dos veces seguidas. Primero por el padre, ya hora por el hijo. El miembro de este último era más chico que el del padre y me costó trabajo pensar que me hubiera costado tanto esfuerzo aceptarlo dentro, unos minutos antes. Por tener ya el ano mñas que lubricado, su polla se deslizó como una serpiente dentro del agua, hasta el fondo y sin complicaciones 
- ¡Ah no puede ser! -gritó Rodrigo, empalándome- ¡Qué rico es!  ¡Ahora si que aquí te va la polla de Rodrigo! -gritó al final.
Empujó y salió empujo y salió, con prisa y sin ritmo, casi como un pez agitándose fuera del agua, imaginé, bastante más diferente a la maestría de su padre,  pero igualmente placentero y delicioso. Con cada sacada que daba, escurría fuera parte del semen de su padre. Ahora estando frente a frente, me di gusto con su cuerpo. A diferencia de su padre, tenía barriga y no tenía tanto vello como este, pero aproveche a saborear su piel con mis dedos y juguetear con sus pectorales, apretarlos y jugar con sus pezones. Estábamos disfrutando tanto el uno del otro y tan absortos, que no nos dimos cuenta cuando otros gemidos se unieron a los nuestros.

-¡Hijo mío, qué rico es esto! -susurró el señor. 
A un paso de nosotros se encontraba el padre de Rodrigo, levantando a su otro hijo en brazos frente a frente. El muchacho se abrazaba a su padre con las cuatro extremidades, suspendido en el aire, con la gorda y dura polla de su padre clavada hasta lo más profundo. Y al chamacón pareció gustarle aquello. Ese día había sido el día mas extraño que nunca hubiese podido imaginar. Mi mejor amigo aceptó a coger y fuimos sorprendidos por su padre y por su hermano. Pero en el frenesí de las hormonas y del morbo todos terminamos bien servidos. Yo, desvirgado por padre e hijo, mi amigo desvirgado también junto con su hermano menor y el padre de ambos, sin siquiera sospecharlo, desvirgó a dos jovencitos casi a la vez, uno de ellos su propio hijo. La leche corrió a raudales.

¿Fin?

Autor: Devilman.
Puedes leer la primera parte pinchando aquí.
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samedi 27 juin 2015

Profunda amistad - Relato

PROFUNDA AMISTAD.
- ¡Buenas tardes!
-¡Buenas tardes! Rodrigo esta en el patio. Pásale que ya me tengo que ir – dijo la madre de Rodrigo al abrirme la puerta.
Ella tenía un compromiso urgente y su esposo estaba trabajando también, así que estaría a solas con Rodrigo toda la tarde. En mis adentros me alegré de ello, pero no sospechaba que el día mejoraría mucho más aun, aunque en realidad no estaríamos solos. El hermano menor de Rodrigo, Gustavo, estaba en casa, pero siempre nos era fácil ignorarlo. Me los encontré a ambos en el patio y tras echar relajo y bromear un rato, Rodrigo y yo nos fuimos a su habitación a jugar a los vídeojuegos. Últimamente estábamos viciados a los vídeojuegos. 


En ese entonces tenía aproximadamente tres años de conocer a Rodrigo en la escuela, y nos habíamos hecho buenos amigos. Inseparables a la hora del almuerzo y con las hormonas de esa edad, inevitablemente me entró una tentación enorme por su sexo, claro. Rodrigo tenía cabello negro corto y un poco largo en la nuca, unos ojos cafés muy vivos y una sonrisa que me obligaba a sonreír con él. No era un chico feo y varias chicas de otras clases se interesaban por él aunque él siempre metía la pata. Siempre fue muy torpe con las chicas. Siempre.
Era su turno de jugar la Playstion y por alguna razón sentí que era mi oportunidad. ¿ De qué? No lo sabía con certeza, pero al estar él tumbado en la cama, me recosté entre sus piernas, con mi cabeza cerca de su entrepierna. Moví un poco mi mano para tocar su pierna y él protesto.
- ¡Hey! -exclamó -¡Párale ya!-
Me detuve un momento pero sin disimular nada le agarre el muslo y apreté
- ¿Te hace cosquillas? ¿Eh?
- ¡Hey! ¡Yaaa! -gritó mi amigo, y dando un respingo, trató de quitarme de encima suyo, sin soltar el control de la play, ni alejar la mirada de la pantalla.
-¿Qué te pasa güey? -exclamó más que preguntó.
Disimulando, que no hacía más que joderlo para interrumpir su juego, me estaba dando un agasajo apretando sus piernas y picando su estomago. Entre juegos infantiles mi mano paso a su entrepierna, a sus jeans. Apreté ese paquete que tantas ansias me daba y el dio un salto.
-¡Jajaja! - se rió, aparentemente pensando que se trataría de una broma entre meros machos- ¡No güey! ¡Ya déjame!
Estaba claro que Rodrigo aún lo estaba tomando como un juego, así que seguí pasando mi mano por su ingle, a veces acariciando sus bolas, riendo y siguiendo el juego. El movimiento debajo de la gruesa mezclilla era evidente. Sentía como se endurecía algo, y que empujaba queriendo salir... 
– ¡Jajaja, ni con esto se te para, así de chiquita la debes de tener! –-me burlé, aunque pensase todo lo contrario. 

- ¿En serio? ¡Vas a ver, síguete haciendo el chisto! – me dijo burlón. Abrió el cierre y metió su mano en la hendidura, para luego sacarla junto con su miembro. Tomó el control y siguió jugando, triunfante. Ante mi estaba mi mejor amigo, con las piernas abiertas y con su verga saliendo del cierre de su pantalón. ¡Dios! ¡Ese miembro de tono un poco oscuro y con venas bien delineadas en su contorno! Del agujero de en medio del grueso pellejo se veía una puntita rosada que me encandilaba. Era el primer miembro masculino que veía en mi vida, e incitó a mi propia erección en ese momento, así como a que mi rostro se sonrojara. No sabía ya qué hacer y él pareció notar mi silencio.
- ¡Sabía que te dejaría frio… todos se quedan así con la gran polla de Rodrigo! -exclamó triunfante, mi amigo, impostando su voz, como el narrador del programa de la tele de superhéroes....
Impasible al falsete de su voz, acerqué mi mano y toqué su verga. La acaricié. Sentí su suave tibieza y la moví un poco. Yo ya no sabía lo que hacía. ¿Acaso estaba quería masturbar a mi mejor amigo? ¿Sólo eso?
- ¡No güey, ya déjame! -susurró Rodrigó. Luego se agitó, pero no solté su miembro y decididamente empecé a masturbarle suavemente. Me esperaba un golpe de él, pero siguió con su juego, atento a la pantalla, haciendo que el monigote del vídeojuego siguiera dando patadas y puñetazos como un autómata. Luego Rodrigó pareció relajarse. El órgano viril seguía creciendo entre mis dedos al mismo tiempo que el mío, que casi taladraba mi pantalón por salir. El deseo me ganó y me lancé a engullir su erección. Mi buen amigo soltó el control de una buena vez y sobresaltado quiso incorporarse
– ¡No! ¡No! ¡No! -gritó. Su voz me sonó algo histérica. -¿Pero qué haces?
Yo no cedí hasta que dejo de moverse. Parecíera que ese miembro hervíese dentro de mi boca. Ya crecía un poquito más con cada chupada que le daba, chupadas entre cortadas, debido a mi inexperiencia, pero en ese punto Rodrigo ya no me rechazaba. Ya por fin había cedido. 
– ¡Jorge! Que haces? ¡Aaaah! -Me levanté y dejé su polla húmeda y con el glande casi totalmente fuera
–¡Sabe rico! -le dije, por decir algo.
- ¿Te gusta, Jorge? – me preguntó con sorpresa, a lo que yo le pasé mi lengua de la base de su miembro hasta ese suave y rico glande
– Si -afirmé- ¿A ti no?
- ¿Me la mamarias?
Obviamente la pregutna sobraba.
-¿En serio? - preguntó de nuevo.
Ante mi silencio, se relajó y puso los brazos detrás de su nuca. Sin pensarlo dos veces volví a engullir si sabroso órgano, tratando de abarcarlo todo con mucha dificultad. Fue un rato duro ese pedacito de paraíso, hasta que mi amigo se incorporó de nuevo y gritó colérico:
– ¿Qué carajo haces aquí?
- ¿Qué hacen? - preguntó una voz quebrada y aguda de adolescente. Provenía de la puerta. Era Gustavo, su hermanito.
–¡Nada idiota! ¡Vete ya!- chilló enfadado Rodrigo.
Yo no me inmute y seguí saboreando ese pedazo de carne en mi boca. Rodrigo se estiro y alcanzó mis pantalones con sus manos, le ayude con el cierre y sacó mi verga bien erecta. Titubeó al encontrarla ya húmeda pero sus manos finalmente cedieron a la tentación y me masturbó de un modo algo brusco.
-¡Ya Gustavo lárgate! -oí que Rodrigó decía encolerizado.
Su hermano aún no se iba hasta que un rato después escuché la puerta del cuarto cerrarse. Sentía mucho interés por obvias razones y me alegré de no haber visto su cara. No sabría cómo volver a mirarlo a la cara sabiendo que me encontró haciéndole sexo oral a su hermano mayor. La incomodidad de la posición no nos dejo durar mucho así, entonces nos recostamos uno junto al otro, masturbándonos mutuamente .
-¿Ya lo habías hecho antes? – me preguntó, a lo que le respondí que no. Yo no tenía claro qué respuesta dar
– No, todavía no… -añadí ruborizado. -No he llegado a tanto con las nenas de la escuela.
En realidad esperaba que ya tuviera experiencia, pero el que ambos fuéramos vírgenes, o por lo menos lo era yo, ayudó a que me relajara más y que me encendiera mas el morbo. Y sin más nos quitamos la playera y yo quedé encantado. No poseía un cuerpo de dios griego, más bien normalito, con barriga y algo de vello en el medio de su pecho, pero era el primer cuerpo desnudo que veía y me calentó aun más. Recorrí su joven piel con mis manos, disfrutando cada palmo, desde sus hombros hasta su ombligo. El hizo lo mismo y se cebó especialmente en mi pecho, imaginando quizás que eran pechos de una chica . Sobó mis pectorales circularmente y los apretó casi queriéndolos hacer crecer. Esto me hizo sentir muy sucio por alguna razón, y a él le encanto, ya notaba el sudor en su frente y su respiración agitarse. Su mirada era increíblemente pícara y se agacho a lamer mis pezones. Primero como un gato, pero eventualmente de forma más efusiva, abarcaba cuanto más podía, con ánimos casi de comérselos. Mis pezones se endurecían bajo el toque de su lengua y mi erección sufría bajo la presión de su peso. Tome su cabeza y la subí un poco y le di un beso en los labios. El me dio otro y continuamos subiendo el volumen de estos besos hasta hacerlos más escandalosos. Eran mis primeros besos, pero como algún tipo de instinto. Practicamos entre nosotros y enseguida nuestras lenguas se cruzaron y enredaron y nuestros labios devoraban la boca el uno del otro con la fuerza de la juventud y la excitación de la primera vez. Nos abrazamos y le rodeé con mis piernas. Nuestras manos pasaban de la espalda a nuestro trasero, empujando los pantalones hacia abajo para finalmente estar desnudos y poder empaparnos en nuestro sudor. Mis labios pasaban de sus labios a su cuello y nuca hasta que Rodrigo se dedicó a restregar su cadera contra la mía. Nuestras erecciones atrapadas entre nuestros cuerpos se frotaban mutuamente. Esto era mucho mejor que cualquier cosa que pudiera haber imaginado antes. Jadeábamos y nos besábamos. Sudábamos como nunca antes habíamos sudado y Rodrigo botaba encima de mí con mis piernas alrededor suyo. Parecía que ya estábamos follando en todo el sentido de la palabra
– ¿Te la meto? ¿Quieres que te penetre?- me cuestionó
- ¿Lo harías? -me oí preguntarle, como en sueños . Y luego creo que le pedí... o le rogué y supliqué que lo hiciera.
- ¡Si! -grité por fin sin ningún pudor- ¡Si, Rodrigo! ¡Fóllame!
- ¿Tanto la quieres? -bromeó él.
Tras unos segundos, se armó de valor y añadió:
-¡De haber sabido antes…! Sólo no vayas a decir nada
Sus absurdas inquietudes en aquel momento me hartaron y le besé abriendo más las piernas para él. Sus manos tentalearon mis huevos y bajaron hasta llegar a mi ano. Su cuerpo bajó y sentí su caliente espada tocar esa zona tan enervada en ese momento. Empujó y mi ano lo repelió. ¡Ese miembro tan húmedo con saliva resbalaba con mucha facilidad! 
Y en pie abrió bien mis piernas para inspeccionar mi agujero con exactitud. Sentí pena por un instante, pero me gano la calentura al sentir de nuevo el fierro empujar. Mi piel cedía pero mi agujero no abría bien para que entrara. Era increíblemente frustrante. Me di la vuelta para intentarlo a cuatro patas y la polla empujaba, la punta entraba momentáneamente pero se resbalaba, o al dejar de presionar, mi culo sacaba los pocos milímetros que entraban. Rodrigo estaba encantado, no se cansaba de probar, pero yo por otro lado ya me estaba hartando. Me frustraba, y cada intento me causaba más y más dolor, y la erección y el deseo se me iban.

- ¡Jajaja jodeeer….no puedo creerlo…! -Clamó una voz, de nuevo desde la oscuridad del fondo de la puerta de su habitación. Esa no era la voz de mi amigo. Era una voz más delgada, aguda y rota. Una voz de adolescente. ¡De nuevo Gustavo! 
Ambos nos dimos la vuelta y en la puerta estaba el hermano menor de mi amigo, con una cara de sorpresa y estupefacción que no podía con ella. Y junto a él estaba su padre con una expresión de terror ensombreciendo su rostro, aún más desencajado y estático que la de su hijo menor.
- ¿Pero qué hacen? -aulló el hombre.
Continuará...
Por Devilman
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Mezclilla: tela de la que está hecha un prenda vaquera, como por ejemplo unos jeans.
Prefiero mezclilla en español, que el término inglés denim.
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¡Gracias Devilman!
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